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Un joven doctor encuentra una cura para una contagiosa enfermedad africana

Tras siete años y ninguna ayuda institucional, Oriol Mitjá encontró una cura para el Pian en Papúa Nueva Guinea.

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Un joven doctor encuentra una cura para una contagiosa enfermedad africana

Tras siete años y ninguna ayuda institucional, Oriol Mitjá encontró una cura para el Pian en Papúa Nueva Guinea.

 

María L. Cid

13/09/2018

Ya ha arraigado en la sabiduría popular el dicho de que “no todos los héroes llevan capa”. Y Oriol Mitjá bien pudiera ser uno de los referidos en esta cita.

Como en las narraciones de mitos o superhéroes, el Dr. Oriol Mitjá está muy lejos de su casa. Lleva una consulta móvil en las costas de Papúa Nueva Guinea. Con solo 29 años, este joven había descubierto una cura para la enfermedad del Pian, una dolencia de la familia de la lepra, provocada por una bacteria que habita en la profundidad de las junglas. Causa efectos de pesadilla: deformación facial y de las extremidades inferiores. Afecta a 13 países repartidos entre África, Sureste Asiático y Pacífico Occidental.

Cada año, la lista negra del Pian crece en 100.000 casos que afectan sobre todo a los más pequeños, niños de entre 5 y 15 años. Niños que juegan, como todos los niños, pero estos lo hacen en la jungla, dónde cualquier pequeña herida multiplica el factor de riesgo, que se implementa por problema como la subalimentación y la baja inmunidad. Un niño afectado, además, es un niño al que no se escolariza por miedo al contagio. Las peores estimaciones proponen que en un futuro próximo puedan llegar a estar afectados 80 millones de personas.

Hoy, cuando el Dr. Mitjá aún no ha cumplido 40 años, sigue combatiéndola con un estilo y un destino diferente a la gran mayoría de médicos del mundo.

Antes de recalar en papúa, Mitjá viajó a la India en 2010, mochila al hombro, cuando aún cursaba primer año de Medicina. Ese viaje le cambio. Y le cambio como el profesional que iba a ser, ya que le hizo decidirse por encaminar su especialización hacia las enfermedades tropicales.

El Dr. Mitjá viaja a islas que pueden parecer paradisíacas si uno mira tan solo al paisaje, al mar y al verde de la jungla. Pero están preñadas de pobreza y de necesidad, de dolor y enfermedades que impiden a esos niños encauzar una vida normal. A veces, sus úlceras y dolores no les permiten la función más natural del niño: el juego.

Siete años ha pasado en la isla de Lihir, en papúa, buscando una cura, sin apenas financiación excepto unas contadas donaciones, en las que aún se puede participar a través de su página web.

Tras los primeros cuatro años, halló un medicamento. Debía cumplir dos requisitos: ser oral, porque allí no habría jeringuillas ni las precauciones que estas requieren. Y que fuese para una única toma, porque no siempre los pacientes en esos ambientes tienen la constancia requerida. El nombre de ese medicamento es azitromizina. Y se trata de un antibiótico que en el primer Mundo es barato y se dedica principalmente a combatir la bronquitis y la otitis. Pero seguían sin ayuda institucional, ni de su país de origen ni del gobierno australiano. El propio Dr. Mitjá compraba el medicamento.

Las primeras pruebas fueron impactantes: tras los seis meses de la toma, el 96% de los niños se habían curado. Afortunadamente, ahora la OMS (Organización Mundial de la Salud) se ha involucrado y gestiona las donaciones del medicamento. Hay que citar que la farmacéutica brasileña EMS se ha implicado en donaciones también. Una farmacéutica del Tercer Mundo.

Si todo sigue este buen camino, en dos años habrán erradicado el Pian.

Pero para gentes como el Dr. Mitjá siempre habrá retos. Y más enfermedades a combatir.

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