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Estos pueblos indígenas nunca han entrado en contacto con el mundo exterior

Hablamos con Sarah Shenker, experta en comunidades no contactadas y activista por sus derechos: "Son los más vulnerables del planeta"

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Estos pueblos indígenas nunca han entrado en contacto con el mundo exterior

Hablamos con Sarah Shenker, experta en comunidades no contactadas y activista por sus derechos: "Son los más vulnerables del planeta"

© G. Gali/Survival
 

M. A. P.

07/07/2018

Cazan con arcos y flechas, se pintan el cuerpo con barro y profesan cultos extintos a la espera de que “el progreso” acabe engullendo su estilo de vida. Y es que apenas quedan un centenar de pueblos aislados en todo el mundo, la mayoría de ellos en El Amazonas, y según opina la experta en comunidades no contactadas, Sarah Shenker, "son los más vulnerables del planeta".

Tribus como los Yanomamis, Kawahivas o Awás han expresado reiteradamente su deseo de permanecer al margen, sin embargo, la presión de las empresas mineras, madereras o petroleras que obtienen concesiones para explotar sus ancestrales feudos es cada vez mayor y, en muchos casos, acaba con el asesinato indiscriminado de los locales en pos del beneficio económico.

Shenker, que representa a la ONG Survival International y es la voz principal de la campaña “Déjenlos Vivir”, viaja cada año hasta Brasil para persuadir al Gobierno de que imponga penas más estrictas contra aquellos que intentan subyugar la libertad de estas pequeñas naciones indígenas, y de paso, aprende más sobre su situación.

Exterminio biológico

Tal como indica la activista, uno de los mayores riesgos del contacto forzado está ligado a la incapacidad de su sistema inmunológico para hacer frente a nuevas invasiones víricas o bacteriológicas: “Es muy peligroso porque no tienen resistencia a enfermedades comunes que nosotros sí tenemos, como la gripe o el sarampión”.

De hecho, en una entrevista para PlayGround trajo a su memoria un caso especialmente trágico que expone esta triste realidad: “Hace 2 años visité el pueblo Awá, en Brasil (…) Encontré a 2 hermanas, Jakarewyj y Amakaria, que hacía 2 meses habían contactado con el exterior (…) Sufrían enfermedades respiratorias que habían contraído de los madereros. La campaña de Survival tuvo éxito y el Gobierno mandó helicópteros para llevárselas a la capital del estado Maranhão (…) Desgraciadamente, una de las mujeres falleció en la selva después de recuperarse debido a las secuelas de la enfermedad. Murió en su hamaca”.

Flechas cruzadas dejadas por indígenas no contactados. Los indígenas aislados colocan lanzas en forma de cruz para advertir a los foráneos que se mantengan alejados. © Marek Wolodzko/AIDESEP

El peor enemigo

Aunque nadie se sorprende a estas alturas, el consumismo también daña, lo que pasa es que nos nos percatamos de la cadena homicida. “Los muebles de madera, las joyas de oro, la gasolina para nuestros coches... todo esto está aumentando cada vez más la presión en las tierras indígenas”, afirma Shenker, quien ve en la protección de sus tierras y de los propios protectores de las mismas procedentes de otras tribus contactadas, el único camino posible para atajar los delirios empresariales que están destruyendo su mundo.

Por otro lado, acotar las dimensiones de su territorio cumpliendo con la obligatoriedad constitucional de preservarlo virgen y castigar más durantemente el intrusismo de madereros, narcotraficantes y misioneros, son actuaciones que pueden ayudar a mantenerlos aislados de la deriva económica mundial, asegurando una fuente de recursos imperecedera como es la propia tierra.

Mientras tanto, los integrantes de estas minorías resisten como pueden y dejan constancia de su intención de permanecer aislados apuntando a los aviones del gobierno con sus arcos milenarios. Toda una declaración de intenciones.

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