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Isla de Perros: El increíble detrás de cámara de una obra maestra de animación

La última película de Wes Anderson nos traslada al mundo del stop motion elaborado de forma completamente artesanal

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Isla de Perros: El increíble detrás de cámara de una obra maestra de animación

La última película de Wes Anderson nos traslada al mundo del stop motion elaborado de forma completamente artesanal

 

María L. Cid

05/06/2018

En nuestro mundo hiperindustrializado, lo artesanal ha quedado casi para lo folklórico o lo muy exclusivo. Generalmente se considera anti-económico, hacer a mano lo que bien puede hacer un ordenador cualquiera en la décima parte del tiempo y con absoluta precisión. Pero quizá sea esta precisión lo que, en demasiadas ocasiones, nos aleja de la imperfecta realidad, de esas pequeñas diferencias que hacen únicos a todos y cada uno de los hijos de la madre naturaleza.

Quizá en esta línea de pensamiento, Wes Anderson se ha lanzado al gran proyecto del año. No sabemos si Isla de Perros será la película que hará más dinero en taquilla o se llevará más estatuíllas, pero sí es seguro que es el filme en el que más gente ha trabajado, con más mimo hacia los detalles, y dedicación a cada segundo del metraje. Y es que Isla de Perros está prácticamente hecha a mano en su totalidad, los escenarios y personajes, así como todos los elementos que aparecen en la película han sido realizados por un artista y grabados, fotograma a fotograma a la antigua usanza, con casi una jornada laboral completa para añadir cuatro o cinco segundos al metraje.

La técnica se llama stop-motion y consiste en reproducir el fenómeno que induce a nuestro cerebro a confundir una sucesión de imágenes estáticas como si fuesen un movimiento, o sea, se fotografía cada pequeña diferencia en una sucesión perfecta para que la acción se vaya desarrollando la acción en movimiento, como se hizo durante décadas antes de la invasión digital.

“Las escenas de diálogo son muy complicadas porque tienes que crear una personalidad con movimientos muy sutiles en los ojos o la expresividad”

La historia nos traslada a un futuro de pesadilla en el que la sociedad está siendo azotada por una gripe canina que obliga a desterrar a todos los perros de la ciudad de Megasaki a una isla-basurero. Atari Kobayashi es un niño, pupilo del alcalde que trata de rescatar a su perro Spot embarcándose en una aventura que nos arrastra a todos a una historia que esconde mucho más de lo que parece, con referencias fácilmente identificables a las grandes migraciones de refugiados que azotan el planeta por causa de las guerras y la pobreza.

La complejidad de la trama ha supuesto todo un desafío para el amplio equipo de animadores que han trabajado, no sólo con las pequeñas figurillas de los protagonistas, sino con elementos mínimos que han podido replicar incluso un plato de sushi utilizando para ello desde siliconas a espuman de látex o pelo auténtico para dar más veracidad a las escenas.

Uno de los animadores españoles, Sergio Lara, ha manifestado que “ El plano más difícil que animé es el momento del quirófano (…) requería mucha atención a las manos de los muñecos que usaban multitud de herramientas en miniatura: bisturíes, pinzas…. Una auténtica filigrana.

Según parece se ha conseguido la sensación de realismo que buscaba Wes Anderson. Ahora sólo falta ir a verla, disfrutar y reflexionar sobre los temas que se nos plantean. Obras de arte que merecen la pena.

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